“Usted mismo, tanto como cualquier otro en el universo entero, merece su amor y cariño (Buda)

Cuando una persona no se tiene suficiente estima aumenta la probabilidad de buscar la aceptación en los demás y acabar en relaciones muy tóxicas.

Si tú no crees en tu valía, no tendrás ningún valor para el mundo. Si ante tu espejo no ves más que una mancha, carente de empuje, carisma y belleza, tarde o temprano llegará alguien que te lo confirme, alguien que, además, no dudará en estar por encima de ti para anteponer sus necesidades a las tuyas. Esto lo podemos evitar. ¿Cómo? Trabajando la autoestima para tener una vida más digna, hábil y mucho más satisfactoria.

Todas, todos, hemos pasado alguna temporada desanimados. Días en los que resuena la voz crítica que tenemos para surgir cuando menos falta nos hace. Son instantes donde todo es amargo, donde sólo escuchamos la sonata de la negatividad y vamos por el mundo con la versión más peligrosa de nosotros mismos: aquélla que ha perdido todas sus defensas, la que avanza vacía de amor propio.

Es normal vivir instantes así. Entra dentro de la normalidad siempre que ese día de desánimo acabe rápido y salgamos fortalecidos, más optimistas, valientes. Ahora bien, si este estado se perpetúa en el tiempo, correremos un alto riesgo. Porque quien no se siente valioso, buscará a alguien que lo haga por él, lejos de ser en todos estos casos esta la estrategia más adecuada. Porque quien no se quiere es vulnerable a todo.

Si crees que no vales nada lo pierdes todo

Si crees que no vales nada, lo pierdes todo. Lo que un día lograste e incluso lo que una vez soñaste conseguir. La baja autoestima o la carencia de amor propio arrasan identidades, hacen desaparecer nuestros valores para ponernos al servicio de los demás.

Así, derivar en este ciclo de pensamientos destructivos donde habitan ideas como “no soy inteligente, no tengo talento, no soy atractivo o nunca tendré éxito en esta vida” nos conduce a un estado debilitante que reverbera en nuestro cuerpo y nuestra mente.

Si nos preguntamos ahora por qué llegamos hasta estos extremos, es preciso decir que la respuesta no es sencilla. Hay quien ve en esos estados un resultado directo de la propia crianza. De ese apego distante que no supo en un momento dado cubrir nuestras necesidades emocionales.

Los psicólogos evolucionistas tienen otra opinión no menos interesante que vale la pena considerar. Esta voz crítica que se asoma de vez en cuando a nuestra conciencia para “machacarnos” es un mecanismo adaptativo, un sistema de supervivencia que nos alerta de que hay algo que no va bien y que debemos cambiar.

Esta voz crítica, lejos de ser puramente malévola, tiene en realidad buenas intenciones. El problema, por supuesto, es que no entendemos su finalidad.

Por otro lado, también es necesario tener en cuenta otro aspecto. Lo que hace saber esa voz interna, esa conciencia propia es la realidad de un estado emocional determinado. Sin embargo, somos nosotros quienes ponemos palabras a esta emoción negativa: “no valgo, no merezco, no soy, no tengo”.

No te creas todo lo que piensas, créete todo lo que sientes e intenta entenderlo.

Si creo que no valgo nada, ¿qué puedo hacer?

Si crees que no vales nada, es porque en ti hay necesidades no satisfechas que sólo podemos responder a nosotros. De otra forma, será fácil que caigamos en estas relaciones dependientes y dolorosas, donde la otra persona no sólo nos confirmará que “no valemos nada”, sino que nos insistirá en que así es cómo debemos seguir. Es cuando nos quedamos estancados en la vulnerabilidad, supeditados a esta baja autoestima donde mendigamos amor del malo, donde aceptamos resquicios de un querer malsano.

En lugar de enfocarnos en la idea de que no somos lo suficientemente buenos para ello o aquello, lo que hay que hacer es preguntarse por qué. En vez de atender pensamientos, atendamos emociones. Porque los propios pensamientos a veces llevan impresa la mentira y el boicoteo, pero las emociones no engañan, debemos saber entenderlas y descifrarlas.

Para ello, reflexionamos en estos pasos que nos pueden ayudar:

  • Explora tus emociones. ¿Qué siento? ¿Es rabia, es tristeza, es decepción? ¿Estoy enfadado con algo, quizás conmigo?
  • Habla con tu crítico interno. ¿Qué quieres de mí? ¿Qué necesitas? ¿Por qué me atacas? ¿Qué finalidad o propósito buscas?
  • Identifica tus necesidades y establece conexión. Éste es un gran avance, un gran triunfo interno: cuando sepas qué necesitas en concreto, todo cambiará. Tendrás un claro objetivo, una motivación.
  • Satisface lo que necesitas. Este último paso requiere acción, atrevimiento, voluntad, decisión. Lo haremos por nosotros mismos, sin depender de nadie, porque el acto de crecer es una dinámica que sólo nos compete a nosotros.

Así, no vale esperar que sean los demás los que me diga lo de “pero, ¡si tú vales mucho!”. Estas claves señaladas pueden ayudarnos, pero no servirán de nada si no unimos una dosis de autoestima para entender que hay que tener amor propio, que comporta valentía. Y debemos hacer uso todos los días.

Núria Mateo

Psicòloga col·legiada

Núm. 23766

Bibliografía:

Bolinches A. El secreto de la autoestima. Ediciones B. Mexico 2019.

Branden N,. La psicologia de la autoestima. Ed. Paidós. Año 1969