El organismo puede reaccionar de manera peligrosa cuando se vive en constante preocupación y tensión, pudiendo llegar a ocasionar alteraciones en el sistema inmune.

Existe una relación entre el sistema inmune y el sistema nervioso, hay una conexión entre ambos sistemas. La mente influye tanto en nuestro estado de salud que en psicología se asocian tipos de personalidades con enfermedades concretas. Así, las personas con alto grado de estrés y ansiedad, las denominadas personalidades tipo A, suelen padecer enfermedades cardíacas, mientras que las personalidades poco asertivas, que reprimen sentimientos y tienden a la autocrítica, las denominadas C, tienen mayor predisposición a la depresión y a enfermedades autoinmunes.

Diversos estudios han hecho posible describir algunos efectos de nuestra personalidad en la respuesta inmunológica del organismo. Y en este aspecto, abordar la relación entre el estrés y el sistema inmune es fundamental.

Nuestro cuerpo está preparado en forma natural para reaccionar ante ciertos niveles de estrés liberando adrenalina y cortisol, las hormonas que nos permiten estar alerta y protegernos ante situaciones de peligro. Y, aunque esto es algo esperable y normal, el problema radica cuando el estrés se prolonga en el tiempo hasta hacerse crónico, pudiendo afectar nuestro sistema inmune y nuestra salud. La adrenalina es la hormona encargada de activarnos y ponernos alerta en situaciones de tensión, aumentando la frecuencia cardiaca, elevando la presión arterial y aumentando la energía. El cortisol, por su parte, es la hormona que actúa aumentando los niveles de azúcar en la sangre y mejorando el uso de la glucosa y la reparación de los tejidos.

Las amenazas de hoy en día ya no son sobre posibles ataques de depredadores o tribus enemigas como pasaba en el caso de nuestros antepasados. Pero sí existen otros tipos de situaciones que nos mantienen en alerta y que pueden ser causa de un estado de alerta y fuerte tensión. Hemos vivido largos períodos de cuarentena y toda la incertidumbre ante la Covid-19 es un ejemplo de ello.

Es necesario estar atentos a las señales de nuestro cuerpo y aprender a manejar el estrés de forma adecuada porque, de lo contrario, nuestro sistema inmunológico puede presentar una alteración de su función y, como consecuencia, sufrir infecciones recurrentes.

Está demostrado que el estrés psicológico crónico disminuye el número de células B, que son las responsables de producir anticuerpos, y a la vez las encargadas de la funcionalidad y la actividad de las células Natural Killer, NK. Estas células están dentro del grupo de los linfocitos y su principal función es la defensa del organismo ante las infecciones bacterianas, virales o micóticas. Frente a situaciones amenazantes, esta función se puede ver afectada por la liberación exagerada de adrenalina y cortisol.

¿Pero, qué es el estrés y cómo se relaciona con el sistema inmune?

El estrés es una reacción fisiológica que tiene el organismo frente a un desafío o una demanda, preparándonos tanto física y psicológicamente para enfrentarnos a un peligro o para huir de él. Es beneficioso si aparece de forma aguda (asociada al eustrés o estrés positivo), ya que nos ayuda a cumplir ciertos objetivos del día a día. El problema aparece cuando el estrés se prolonga durante un tiempo más extenso y adopta la forma del estrés crónico o estrés negativo, momento a partir del cual deja de ser adaptativo.

Con la liberación de la adrenalina que es la encargada de activarnos, como ya hemos comentado, se produce un aumento de la frecuencia cardíaca y de la broncodilatación. El sistema simpático se dispara, provocando una movilización de todas las reservas energéticas a los músculos, el aumento de la concentración o una parada de las secreciones intestinales y su peristaltismo.

Por su parte, el cortisol incrementa los niveles de azúcar en sangre, mejorando el uso de la glucosa y la reparación de los tejidos. La liberación del cortisol se da en el estrés crónico, y además del aumento de la glucemia en sangre, también se traduce en una movilización rápida de grasas y aminoácidos con fines energéticos, el aumento de la eliminación renal del agua y la inhibición de la respuesta inmunitaria.

El problema radica en que, frente a situaciones amenazantes, esta función puede afectarse por la liberación exagerada y sostenida de adrenalina y cortisol. Algunos de los principales efectos derivados de este hecho en el sistema inmune son:

  • Infecciones recurrentes
  • Aparición de herpes simples recurrentes
  • Verrugas recurrentes y/o de difícil manejo
  • Presencia de moluscos contagiosos en adultos
  • Aparición de Herpes Zoster, incluso un primer episodio en personas jóvenes
  • Respuesta inadecuada a vacunas
  • Aparición de hongos (candidiasis) orales o esofágica

Estar expuestos durante mucho tiempo a situaciones permanentes de tensión puede aumentar la posibilidad de padecer ciertas patologías. Si nos encontramos ante una situación de estrés crónico, es necesario que nos preguntemos qué podemos hacer para reducirlo y prevenir sus complicaciones.

Núria Mateo

Psicóloga colegiada

Nº 23766

 

Bibliografía:

Herrera M., Julián A. Psiconeuroinmunología para la práctica clínica. Santiago de Cali: Programa Editorial Universidad del Valle, 2009.

Banifacio Sandín. Estrés, hormonas, sistema inmune y salud. Psicopatología, intervención clínica y salut. UNED, 2017

Pérez Pàmies, M. Psicobiologia II (textos docentes: 34. Text-guía. Universitat de Barcelona. Departament de Psiquiatría i Psicobiologia Clínica II.