No podemos destinar todos nuestros esfuerzos en esperar a alguien que no quiere venir hacia nosotros. Más que nada, porque lo que está en juego son nuestras ilusiones y nuestro bienestar, nuestra perspectiva vital.

Si estamos pendientes de alguien que nos ignora o que no nos valora nos hará mucho daño y lo que haremos será hipotecar nuestra vida por otra persona.

La mejor manera de evitar esta situación es tener unos objetivos, metas, y no atarnos a personas u objetos, aunque la educación recibida nos hace que resulte complicado liberarse de las expectativas que tenemos. Incluso, sabiendo que quien más espera es más fácil que se decepcione no podemos evitar pensar que quizá esta vez no nos sucederá.

Trabajar las falsas creencias no es fácil. Las expectativas sobre las otras personas o sobre el mundo nos hacen cerrarnos a todo y las necesitamos para vivir.

Ser los que llevamos las riendas de nuestra vida y no tener que dirigir nuestra vida en función de otras personas no implica que no tengamos en consideración el resto del mundo. La liberación no consiste en ser egoístas y mirar sólo por nosotros mismos. Es algo más.

Hacer que nuestra satisfacción y bienestar dependa de otra persona no es sano porque nunca llegarán a cubrir nuestras necesidades. Asumir que todo cambia y que aceptamos la realidad es lo mejor que podemos hacer. Nada es para siempre ni las relaciones ni nuestras necesidades o personas.

El miedo al fracaso emocional y sentimental nos hace estar inmóviles. Las pérdidas, inevitablemente suceden, es parte de la vida.

Ni mendigar amor. Quien no tiene tiempo para ti, quien te hace sentir invisible e insignificante no te merece. El amor se debe demostrar, pero nunca se debe mendigar. Si hay que hacerlo es reflejo de la injusticia de un sentimiento. Te merece esa persona que dice menos, pero cuanto más.

La falta de tiempo no existe, lo que falta es interés porque cuando la gente realmente quiere, es lo que se dice que la madrugada se vuelve día, y el martes sábado y todo momento es una oportunidad para ver la persona que amas.

A quien no te llame y no responda tus llamadas, simplemente no lo llames. No busques a quien no te extrañe y no extrañes a quien no te busca. Pasa de los silencios infundados y los mensajes ignorados.

Valórate, no esperes a quien no te espera y deja de mendigar amor. Ámate y valórate por lo que eres y no por lo que alguien, que no te merece, te hace entender.

Núria Mateo

Psicòloga