Poner límites

Poner límites

Si queremos mejorar las relaciones con las otras personas debemos aprender a poner límites y dejar claro que se deben respetar. Es una manera de protegernos a nivel físico pero también mental y emocional. Muchas veces por una cuestión cultural nos cuesta llevarlo a cabo.

Con el establecimiento de ciertos límites se puede poner orden en nuestra vida porque hace que tengamos una idea de nosotros y nos ayudan a mejorar nuestras relaciones. Es la manera de saber cómo ubicar las personas con las que nos relacionamos y el trato que queremos que nos den. Podemos decir que, la finalidad de su establecimiento es la protección de agresiones o la falta de consideración que nos puedan tener.

Todos queremos relaciones personales basadas en el respeto, por eso hay que establecemos de forma clara hasta donde queremos dejar que una persona entre en nuestro territorio y no se transforme en una invasión.

Los límites emocionales son menos evidentes que los físicos pero no menos importantes. Si nuestros límites son agredidos quedamos expuestos al sufrimiento espiritual.

Como nosotros no podemos influir en las reacciones de los demás, hay que trabajar sobre nuestra conducta, alejándonos de situaciones que consideramos perjudiciales para nosotros y centrándonos en aquellas que generen bienestar y respeto para nosotros.

Cuál es la mejor manera para reforzar los límites emocionales? Aprender a decir NO sin sentirnos culpables y decir SI cuando éste sí es lo que realmente sentimos. Somos libres de decidir lo que pensamos y sentimos.

 

 

¿Cuando estamos destruyendo límites? Si optamos por callar en lugar de expresar libremente nuestras opiniones para mantener buenas relaciones, para que los otros no se molesten, o bien, consintiendo burla o sufriendo desprecio por lo que sentimos, sumado a la necesidad de reprimir lo que queremos comunicar, por miedo a ser devaluados. Otra forma puede ser el hecho de fingir constantemente lo que no somos, expresar opiniones contrarias a las que realmente tenemos, o simplemente sonreír a afirmaciones que nos parecen ofensivas.

Si nos acostumbramos a usar frases del tipo: “esto que haces me hace sentir mal y de esta forma me cuesta mucho estar a gusto contigo”, hacemos que la persona que tenemos delante se dé cuenta de cómo nos trata y evaluará su comportamiento. Sólo funcionará si lo hacemos desde el respeto.  

“Si establecemos límites claros nos ayudarán a tener una mejor calidad de vida. Debemos poder establecer barreras precisas “.

 

Núria Mateo

Psicóloga colegiada núm. 23766

Por |2018-07-18T22:25:26+00:00julio 2nd, 2018|Psicología, Sin categoría|Sin comentarios

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